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En clase no aprendemos (casi) nada o por qué la educación no debe ser monolítica

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En clase se aprenden muchas curiosidades, sobre todo para ganar más tarde al Trivial Pursuit. También hay bizantinas discusiones acerca de si aprender la historia cojeando por la izquierda o por la derecha. O si la lengua vehicular debe ser la local, la provincial, la nacional o la universal (o todas en justa proporción). Se premia sobradamente al que vomita en un examen lo que ha aprendido de carrerilla la noche anterior.

Lo que se dice en clase cuenta más de lo que creen los educadores, con independencia de lo que aparezca en el libro de texto de ese año. Como si lo del libro de texto se memorizara para aprobar el examen, y lo que diga el profesor, en toda su idiosincrasia, fueran algo así como verdades más puras. Con todo, lo que vierte el profesor en clase no es asimilado por el alumnado como si éste fuera una esponja. El profesorado se sorprendería de la capacidad del educando a la hora de evaluar, trocear y asimilar lo que le interesa en base a sus ideas previas.

Tal y como lo ha explicado John Medina en Brain Rules: 12 Principles for Survivving and Thriving at Work, Home, and School, la información de fragmentada en trozos pequeños cuando entra en el cerebro de los niños, “como una licuadora que funciona sin la tapa. La información es literalmente cortada en pedazos al entrar en el cerebro y queda esparcida por todos los rincones de la mente”.

Además, cada alumno, según el contexto y su biología, tendrá su propio sistema de aprendizaje: empleando más el hemisferio derecho, o el izquierdo, aprendiendo más por vía auditiva, otras por vía visual, otros de forma más conceptual, otros memorizando gran cantidad de datos, otros razonando de forma más crítica.

Tal y como lo explica David Brooks en su libro El animal social:

Sin embargo, en cuestión de semanas, los alumnos olvidaban el 90 % de lo aprendido en clase. El verdadero sentido de ser profesor es hacer algo más que divulgar hechos: determinar el modo en que los estudiantes perciben el mundo, ayudarlos a asimilar las reglas de una disciplina. Los profesores que hacen esto no caen en el olvido. Más que enseñarles, ella los convertía en aprendices. Buena parte del pensamiento inconsciente se produce mediante la imitación. Ella mostraba un modo de pensar sobre un problema, y luego esperaba que los estudiantes participaran con ella. Los esforzaba a cometer errores. El dolor de hacer las cosas mal y el esfuerzo necesario para superar el error crean una experiencia emocional que ayuda a grabar cosas en la mente. (…) Su objetivo era transformar a sus alumnos en autodidactas.

Memoria

Eso no quita que retener información no sea importante. Cuanta más información esencial se atesore en el cerebro, mejor rendimiento tendremos a la hora de aprender cosas nuevas o de establecer nuevas conexiones.

A la hora de memorizar mejor, por ejemplo, no hay que procurar que siempre leamos en los mismos lugares: un gran número de investigaciones sugiere que la gente retiene información mejor cuando alterna escenarios. Los distintos ambientes estimulan la mente y crean redes de memoria más densas.

Quienes más saben de un tema, son mejores y más rápidos a la hora de adquirir conocimiento y recordar lo aprendido. Por ejemplo, en un experimento se hizo recordar a alumnos de tercer curso y a alumnos universitarios una lista de personajes de dibujos animados. Los de tercer curso veían más horas de dibujos animados que los universitarios, así que, al estar más familiarizados con el tema, recordaron mejor la lista, según explican Bransford, Brown y Cocking en How People Learn: Brain, Mind, Experience, and School.

En otro experimento, se pidió a un grupo de niños de entre ocho y doce años con problemas de aprendizaje y a un grupo de adultos de inteligencia normal que recordaran una lista de estrellas del pop. También aquí los más jóvenes, “con problemas de aprendizaje”, lo hicieron mucho mejor.

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